OSCAR SANCHEZ. Entrenador de Quilmes. De los cuatro títulos de los Spurs presencié tres (99, 05 y 07), además de tener acceso a los entrenamientos. Esta continuidad me permitió ver la evolución de Manu y admirar una franquicia distinta en la filosofía de trabajo y juego con respecto al resto de la NBA. Dialogando con DT europeos concordamos que el básquet NBA no es precisamente básquet. Es un show. La concepción del juego pasa por tener un funcionamiento colectivo. El pase crea el espíritu de equipo y los Spurs lo tienen. El resto, no. Siempre le pregunté a Manu cómo podía hacer para recordar todas sus entradas al ataque (transición-pasaje de defensa a ofensiva), salidas laterales y de fondo. No es fácil y no cualquiera las entrena y recuerda en cantidad. Ellos sí.
Tácticamente es claro quién debe ser la primera opción (Duncan en el juego interior), quién por momentos es el dueño de la pelota (Parker) y quién debe cerrar los juegos y tomar la bola al primer corte con foul del oponente (Manu). Así, comenzando con esas reglas de equipo, nace el ataque estacionado. El banco da satisfacciones: Manu lo potencia y Horry o Barry cumplen bien su rol.
Manu es valioso por su picardía. El objetivo es frenar el balón. Como pasó con LeBron, todos colaboraron en las penetraciones y recuperaron muy bien cuando la pasaba. Lo expuesto tiene un responsable: Popovich, con un grupo notable de colaboradores, plasmó un equipo distinto al resto. Sin abundar en ataques rápidos ni volcadas formó una dinastía con mezcla de básquet europeo y estadounidense.